El maldito muro que me separa de esa tubería final...... me agarra de una manera tan soberbia y me sumerje dentro de sus grises ladrillos que en un principio parecían impenetrables.
Resignado a mi destino no me agarro de nada ni de nadie. Una estúpida sonrisa escupe algo de sangre y esboza lo que era mi peor presentimiento. Y entonces despierto donde partí, el destino se ríe de mi error y el tiempo no para de correr, como mis piernas, que no aceptan que todo se está acabando y sólo quieren llegar donde está ella y tocar la bandera aunque sea por última vez. No me importa morir, me abrocho los zapatillas y corro con la misma felicidad de siempre. Me quedan tres vidas, en una de ellas encontraré el camino que me guíe al encuentro con mi nemesis y, aunque denuevo me coma el muro, nunca dejaré de correr, jamás caminaré lento.... y prometo que esta vez el fuego de mis entrañas se encargará de mis enemigos.
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martes, 23 de septiembre de 2008
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